domingo, noviembre 18, 2007

Marcado para la muerte.

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"Ernest Walsh era moreno, vehemente, impecablemente irlandés, poético y visiblemente marcado para la muerte, tal como en las películas salen personajes marcados para la muerte."
París era una fiesta. Ernest Hemingway.

Yo una vez me encontré con un tipo marcado para la muerte. Más tarde, cuando lei el libro de Hemingway, me acordé de aquella tarde de diciembre.

Era una de mis primeras fotografías. Había comprado mi Nikon F-75 unos dias antes y la estaba probando. Posiblemente fuese el 3º carrete de blanco y negro que tiraba en toda mi vida. Y me encontré con el hombre marcado, sentado entre las palomas. Su cara era tremendamente triste y no se movía si pasabas a su lado. Estaba aislado por el muro y a su espalda estaba la ciudad.

Hacía un terrible frio navideño y aquel hombre estaba marcado para la muerte.
Me transmitió una sensación de soledad desastrosa. ¿Cómo es posible que en una ciudad de más de 300.000 personas te aísles detrás de un muro en diciembre?
Un ratito despues pasó un pescador y colocó su caña a unos metros. No había nada más que fotografiar o mirar y me largué con la sensación de haber documentado algo. El caracter secreto de algunos rincones que hay en todas las ciudades.
Las ciudades no son una agrupación de edificios, son grandes agrupaciones de personas con sus historias y su entorno. En algunas hay monumentos, pero no importa, no explican su caracter. Hay tantas cosas que mirar que no puedes prestar atención a todas y aquel era uno de esos momentos en los que pasas de largo. Pero por algún motivo, quizás porque tenía la cámara en la mano, decidí pararme y fisgar un rato.

sábado, noviembre 10, 2007

Gijón de ida y vuelta

CANCIÓN PARA ESTA SEMANA:
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Para un viajero es importante vivir junto a la mar. Esto me permite mirar al horizonte e intuir las tierras que están más allá, del mismo modo que cuando estoy lejos me permite mirar al horizonte y saber que Gijón está aquí.

Tal vez por eso Gijón sea esa ciudad que espera detrás de la mar. Pero no espera quieta, cuando vuelvo siempre hay algo que ha cambiado, me guste o no.

Al día siguiente de volver siempre doy un paseo por los mismos sitios. Más que un ritual es una costumbre, para volver a familiarizarme con mi ciudad, lo veo todo con ojos de visitante. Callejeo un poco por el bario de Cimadevilla. Esto me hace olvidar que estoy en la ciudad.

Despues subo hasta el cerro, desde allí veo toda la costa al norte y toda la ciudad al sur. Suele hacer demasiado viento, pero se está bien.


Por último voy al puerto deportivo y al rompeolas (primera foto).

Ese paseo es como la entrada real a la ciudad, como si hubiese llegado desde la mar y no en cohce.

Del mismo modo, antes de irme, hago el mismo trayecto, para marchar desde donde siemrpe han partido los viajes.

Es un paseo de ida y vuelta, como terminar de sellar el billete. Y sin duda es el mejor lugar para contemplar sin atender a lo que ves porque estás pensando en todo lo sucedido en días anteriores.