miércoles, abril 29, 2009

París en blanco y negro

Libro para estos días: Piratas del Pacífico, Carlos Valenzuela.
Nosotros, los sanguinarios piratas, éramos hombres llenos de coraje y desprecio por la vida. Maniobrábamos los cabos con una sola mano... en la otra, ¡una botella de ron!

Disco para estos días: Lifeline, Ben Harper & the Innocent criminals.

You and I were looking at old pictures yesterday
Sitting in disbelief at how time slips away 
Both at a loss for words to say, 
who knew we'd never be younger than today?

Ayer tu y yo mirábamos viejas fotos/ incrédulos por el paso del tiempo/
Ambos sin saber que decir/ 
¿Quién sabía que nunca seremos tan jóvenes cómo ahora?
Younger than today.

Entre la lluvia y el suelo en algunas calles de París:


















lunes, abril 20, 2009

Allí donde mis pies pisaron una vez la hierva.

Libro para estos díasEl palacio de la luna, Paul Auster.

- Una voz transmitida eléctricamente no es una voz real- le dije-. Todos nos hemos acostumbrado a estos simulacros de nosotros mismos, pero cuando te paras a pensarlo, el teléfono es un instrumento de distorsión y fantasía. es una comunicación entre fantasmas, las secreciones verbales de mentes sin cuerpo.

Disco para estos díasFeels like home, Norah Jones.

Daydreamed on the bank again
I was swimming with the fish
And I thought this time that  it may be true
But my toes just touched the water.

De nuevo soñaba de día en la orilla que estaba nadando con los peces y creí que esta vez podía ser  verdad, pero los dedos de mis pies tocaron el agua.
Toes


ALLÍ DONDE MIS PIES PISARON UNA VEZ LA HIERBA.


Si reviso mis cuadernos de viaje veo que hay muchos lugares que me han impactado. Algúnos me han quitado el aliento cómo la Piazza San Marcos en la noche o Djema el Fnaa al atardecer, pero ninguno de esos lugares siento como parte de mi. 

Tal es la fuerza de la vida que incluso puedes ver crecer hierbajos en las fracturas de las baldosas de las aceras. Tenemos la impresión de que lo normal termina donde los caminos de asfalto se convierten en tierra. Creemos que vivimos en islas de cemento rodeadas de maleza que nos intenta invadir. 

Como urbanitas enseguida buscamos cajeros, supermercados y nos desesperamos cada vez que el fontanero tarda más de tres días en llegar. Nos miramos los pies y alzamos un zapato para limpiarlo con el pañuelo cada vez que pisamos la hierba. Pensamos esto me ha costado cien euros, lo otro cinco mil, pero no sabemos lo que realmente significa, tan solo lo que queremos que nuestros amigos crean que significa.

Vemos un cuidador de ovejas y pensamos en un pobre hombre con los ahorros de toda una vida debajo de una teja por si vuelve la guerra.
Puede que un campesino no haya ido a la universidad, pero cuando dice: las patatas se siembran tal día y se recogen tal semana, o las mejores vacas son esta, esa y aquella, está diciendo verdades universales y su cabeza contiene los conocimientos más importantes que la raza humana ha podido compilar en los últimos diez mil años. Bethoven era un gilipollas arrogante, el verdadero amor no estaba en su piano, sino en las canciones de siembra.

Los necios se miran los zapatos al pisar la hierba y se lamentan mientras que los que tienen los ojos abiertos se inspiran al ver la niebla caída sobre los valles. 

La última vez que pisé la hierba pude detenerme y mirar un árbol un buen rato sin que nadie me llamara loco, pude tirarme sobre una roca al sol junto al rió y nadie me fue a echar y pude volver con los bajos de los pantalones llenos de barro sin que nadie se asustase. Puede sonar algo infantil, pero creo que es lo que más se asemeja a la paz.